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Transformación
Zaqueo dijo resueltamente al
Señor: Señor, ahora mismo
voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres,
y si he perjudicado a
alguien, le daré cuatro veces más. (Lucas 19,8)
El encuentro con Jesús produce en Zaqueo una
transformación.
Durante
el Adviento y la Cuaresma,
que son los grandes tiempos de preparación, para la Navidad y la Pascua respectivamente, la
liturgia y la predicación nos insisten en este tema: para encontrarnos
verdaderamente con Jesús debemos preparar nuestro corazón y dejarnos
transformar por su gracia divina.
La
transformación exige un cambio radical. En la terminología religiosa, exige
metanoia: un cambio de actitudes y presupuestos.
Cuando
la gracia divina transforma nuestros corazones, vemos el mundo de manera
diferente y somos impulsados a actuar con misericordia.
La
transformación implica despertar de la indiferencia y extender la compasión a
las victimas de la pobreza y de todas las formas de injusticia. (Reflexiones del Patriarca Ecuménico
Bartolomé I)
Participantes Católicos del Seminario “Aprendiendo a
Convivir”:
Eusebio Lizarralde, María Eugenia Crespo, Susana
Chaves, María C Vitelli
Transformación
El camino hacia Dios es un largo trayecto,
es el viaje de toda la vida, porque la espiritualidad es, fundamentalmente, un
estado del ser, inmerso en un proceso continuo, aunque imperceptible, de
transformación.
Dios crea a partir de la Palabra.
Habla, “nos habla”, inicia el
diálogo, “viene” hacia el ser humano… sale de la eternidad y “se mete” en la
historia prometiendo Su Bendición.
Y llama a un hombre que se
transforma íntegramente, hasta en su propia identidad (cambia su nombre de
Abram a Abraham) para trascender todo lo conocido y responder al Señor, y a su
promesa, manteniendo un permanente diálogo con el Altísimo.
Entre Abraham y Dios se da el
encuentro en la palabra, en un diálogo que trasciende lo aparentemente seguro,
válido y conocido. Es un hombre que tiene fe y se entrega.
A partir de su experiencia, de su
arrobamiento, de la irrupción de Dios en su vida, se transforma: trasciende las
formas, las costumbres sociales, los hábitos y encamina su vida y la de los que
le suceden (siguiendo la orientación divina) hasta convertirse en padre de
generaciones.
Abraham escuchó, dialogó con Dios,
confió en Su promesa y transformó la historia.
¡Qué la profunda fe de Abraham
permanezca en los corazones de sus hijos, judíos, cristianos y musulmanes, trascendiendo
diferencias y acercándonos en aceptación, respeto y paz!
Señor
Que mis
oídos se abran para escuchar Tu Palabra
Que mi
corazón revele Tu Misericordia
Que mis
labios expresen Tu Compasión
Amén
ADRIANA RAJ?AN GUEVARA
TESHUVÁ.
Retornar. Volver.
En nuestra tradición judía el
concepto de transformación, conversión, se pone de manifiesto por medio de la Teshuvá (traducida
generalmente como arrepentimiento).
“Empero tu retornarás y escucharás la Voz de Adonai, y cumplirás
todos Sus Mandamientos, lo que yo te ordeno hoy.” (Deuteronomio 30:8).
La Torá (el Pentateuco) por medio de
Moisés, está educando a la nueva
generación (nosotros) para que se cumpla
la voluntad del Señor y se deje de buscar otros “dioses” (fama, fortuna, poder)
de efímera existencia.
Cuando el ser humano se aleja del
Creador, peca, comete errores. Al percibir la necesitad de comenzar el camino
de retorno a la fuente de Vida, con arrepentimiento en el corazón, tiene la posibilidad
de volver sobre lo andado con el anhelo profundo de estar nuevamente con ÉL:
eso es Teshuvá: el anhelo del alma de
recuperar lo más preciado que se ha perdido.
Pero para retornar es importante
darse cuenta del alejamiento previo.
No se trata de una acción física de
la persona, sino de un acto interior, todo el movimiento ocurre en la
profundidad del ser, y requiere la decisión volitiva de volver al estado de
contacto y de gracia.
Cuando se practica Teshuvá, la
transformación es palpable en el ser humano que ya no busca tener razón sino vivir en paz, discutir sino
dialogar, imponerse sino vincularse, tener miedo sino vivir en amor, luchar por
la vida sino honrar la vida…
Retornar es la respuesta del ser
humano al llamado divino.
Dios, por amor, nos llama
preguntándonos “Aieka” ¿Dónde estás? ¿Dónde estás en el mundo? ¿Cuál es tu
lugar?
Vamos hacia ÉL, volvemos, cuando Le
escuchamos, cuando Le imitamos en la medida de las limitadas posibilidades
humanas, cuando reparamos los errores, cuando amamos y nos amamos, cuando
vivimos con alegría y la compartimos, cuando sentimos Su Amor en cada
inhalación… en cada exhalación…
Rabino
Arieh Sztokman
LA
TRANSFORMACIÓN EN EL ISLAM
En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso
"Di: ¡Señor mío! Tu perdón es más
vasto que mis pecados, en Tu misericordia tengo más esperanzas que en mis
obras".
Profeta Muhammad (PyB)
Cuando el
creyente se arrepiente sinceramente ante Dios, con certeza de la amplitud de la
misericordia de su Señor, el sosiego invade su corazón, se abren delante de él las puertas de la
esperanza y Dios cubre sus faltas.
El
arrepentimiento es el primer paso que
debe ser tomado en el camino del musulmán, es como si dijéramos un doble paso,
uno hacia dentro y uno hacia fuera. El paso exterior del arrepentimiento consiste en
palabras hechos y sentimientos: guardar la vida de uno libre de pecado y de
malas acciones, e inclinarse hacia la obediencia; huir de la revuelta y la
oposición, para buscar el acuerdo y la armonía. El paso interior del arrepentimiento se
realiza en el corazón. Consiste en limpiar el corazón de todos los deseos
mundanos y conflictivos, y llegar a la total afirmación del deseo por lo
divino. Así pues el arrepentimiento, es decir, ser consciente de lo erróneo y
abandonarlo, y ser consciente de lo correcto y esforzarse por ello, lleva a uno
a elevarse espiritualmente.
El
arrepentimiento es volverse atrás del pecado, retractarse de las faltas, y
tanto en castellano como en árabe constituye un verbo que indica la acción de
retornar al punto de origen del cual se partió para desviarse. Además la
palabra «arrepentirse» en árabe significa también «perdonar», según sea que le
siga cierta preposición o no. La misma
palabra indica, por lo tanto, las dos caras de este hecho extraordinario del
alma humana que son el arrepentimiento y el perdón, que se dan simultáneamente
y constituyen, en definitiva, la misma cosa. El arrepentido de verdad obtiene
el perdón en el mismo acto del arrepentimiento. Por eso la única palabra en
árabe para ambas cosas, perdón y arrepentimiento, es táuba, «volverse atrás», «retornar», «tornarse», porque en la
medida en que el hombre se vuelve atrás de sus maldades Dios se torna hacia él.
El mundo en que vivimos es una prueba, el islam llama a los creyentes a
volver la cara a Dios a través del arrepentimiento, que cuando es sincero se
constituye como la verdadera transformación del alma: “!Oh, creyentes!
vuelvan a Dios con sincero arrepentimiento”(Sura 66, aleya8). “Informa a Mis
siervos que Soy El Perdonador, El Misericordioso”.(Sura 15, aleya 49).
Sheik Beytullah Chola
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