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El ayuno físico elimina toxinas acumuladas en el cuerpo y, cuando se
lo ofrecemos al Señor elimina los pesares, temores, errores, actos negativos
del alma para poder “llenarla” de Dios. Por eso cuando hacemos ayuno es
fundamental seguir las palabras del Señor en
Zacarías 8:19 haciendo que estos días sean de fiesta y gozo, y...
¡¿Cómo no vivirlo como un tiempo de
alegría si buscamos conectarnos con el Padre Eterno?!
El ayuno está orientado a la
conversión del corazón para el retorno a Dios. Junto a la oración nos
comprometen con Dios en la esperanza de sentirlo en la profundidad de nuestros
corazones, de vivir la experiencia mística, el encuentro vivo.
Es un camino para el Encuentro.
Jesús, antes de iniciar su vida
pública, ayunó cuarenta días, entregándose al Padre (Mateo 4,2) y dando
indicaciones para que la práctica del ayuno no se prestara a formas de
ostentación e hipocresía (Mateo 6, 16-18) mostrando que la práctica del ayuno
permite que otro alimento, la Palabra de Dios,
permanezca en el hombre “El hombre no vive solamente de pan, sino de
toda palabra que sale de la boca de Dios”. (Mateo 4:4)
Lo trascendente es ofrecerle el
ayuno a Dios, entregarle el sacrificio de nuestra abstinencia con gozo,
alegría, arrepentimiento por los errores cometidos y fe en su absoluta
Misericordia, y que no ocurra el sinsentido que revela un hadiz del Profeta
Muhammad: “Mucha gente que ayuna no obtiene nada de su ayuno excepto hambre y
sed”.
…Vaciarnos para llenarnos de Dios,
con conciencia, con respeto y reverencia, ése es el sentido del ayuno que
religa, que reúne con el Altísimo.
Señor Misericordioso y Eterno,
te ofrezco la aflicción de mi alma,
en la esperanza de llenarla con Tu
Luz.
Te entrego mis pesares, mis
errores, mis temores,
para crecer en Tu Amor y
profundizar mi gozo en Ti.
Amén
ADRIANA RAJ?AN GUEVARA
El
ayuno
En
el día del Perdón (Yom Ha Kippurim) enseña Levítico 23:27, que Dios nos dice
"afligirán vuestras almas", lo que ha sido interpretado
como ayunar. Así está escrito en muchas Biblias traducidas al castellano.
En
la Torah, los
primeros cinco libros de la
Biblia (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) no
se menciona en ningún momento el ayuno de tipo religioso.
Moisés
recibe las Palabras de la
Alianza, después de estar “cuarenta días y cuarenta
noches sin comer ni tomar agua” (Éxodo 34:28). Se "limpia",
"se purifica" para aprehender la palabra del Señor.
El
Profeta Elías comió y bebió para luego caminar 40 días hasta llegar al monte
Horeb para escuchar a Dios. El ayuno lo preparó para el encuentro con ÉL (I
Reyes 19:8). Cuarenta días en ambos casos, símbolo de las 40 semanas de
gestación del feto en el seno materno antes de nacer, Moisés (nuestro Maestro)
y el Profeta Elías requirieron de ese tiempo para nacer a una nueva vida.
Después
del ayuno, los hijos de Israel ganan una batalla (Jueces 20:18/35) y Daniel se libra
del pozo de los leones (Daniel 6:18/22). El mismo profeta invoca a Dios
ayunando (Daniel 9:3). Ajab ayunó y es perdonado por Dios (I Reyes 21:27).
Ester ayuna durante 3 días antes de enfrentar una dificultosa tarea (Ester
4:16). Podemos preguntarnos: ¿Es el ayuno el que generó el triunfo, el cambio
en la suerte, o la disposición del alma en apertura al Señor?
En
(Isaías 58:6-7) el Señor nos enseña el ayuno que a El le gusta: “romper
las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los
oprimidos y romper toda clase de yugo. Compartirás tu pan con el hambriento,
los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no
volverás la espalda a tu hermano”, porque si seguimos Su palabra, Él
nos hará vivir en luz y nos confortará.
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